20
12
2018

Las voces femeninas de Saipal, por Edurne Pasaban

Los 21 años de Saraswati Thapa no esconden su fuerte voluntad de revertir la situación de la mujer en el ‘lejano oeste’ de Nepal. En el recóndito y rural Bajhang, un pequeño pueblo situado a los pies del Monte Saipal (7.031 metros), la tradición impide a las mujeres coronar esa montaña sagrada.

La vida allí se rige por el hinduismo y por un marcado régimen patriarcal que, entre otras cosas, segrega a las mujeres durante la menstruación. La costumbre del ‘chhaupadi’, tan arraigada en todo el pueblo, las recluye durante varios días al mes en una minúscula chabola -a menudo el cobertizo de los animales- en condiciones inhumanas. El Parlamento de Nepal tipificó esta práctica como delito en 2017, pero sigue extendida en las zonas más desfavorecidas y despobladas, allí donde las mujeres son expulsadas de sus casas para preservar la pureza del hogar.

“A mí me habían contado qué era el ‘chhaupadi’, pero cuando llegué ahí me di cuenta de que es realmente duro”, cuenta Edurne Pasaban.

Ella visitó la zona recientemente, encabezando una expedición de cuatro mujeres nepalíes. Sangita Rokaya, Laxmi Budha y Pabitra Bohora, además de Saraswati Thapa, se propusieron -pese a su inexperiencia en alta montaña- alcanzar la cima de aquel monte derribando a su paso la desigualdad sexista.

El arraigo perenne del ‘chhaupadi’, sin embargo, sigue haciéndose notar. Fue lo que impidió que la madre de Saraswati bendijese a su hija antes de su partida. Ni tan siquiera pudo besarla. La menstruación la dejó sin derecho a una despedida, recluida en una choza sombría y lúgubre.

“Fue muy duro. La madre me decía: ‘Me gustaría poder acercarme a mi hija, pero no puedo hacer ninguna ofrenda religiosa mientras tengo la regla. Está prohibido’. Después, me preguntó qué pensaba yo de todo aquello y solo le pedí que hiciera lo que sintiese que debía hacer. Quería abrazar a su hija. Habló con su marido y él se lo prohibió totalmente. Cuando ves que una mujer no se puede despedir de su hija cuando va a estar un mes fuera porque se va a escalar una montaña de 7.000 metros, ahí se te cae el alma al suelo”, confiesa la guipuzcoana en una conversación telefónica con Ellas, el nuevo espacio que Deporteymujer.com dedica a la lucha por la igualdad en colaboración con Eurafrica Trail.

Fotos: Migueltxo Molina / Arena Comunicación

Cumplido el reto de los catorce ochomiles, Edurne Pasaban sigue manteniendo un vínculo estrecho con el Himalaya, el lugar donde cimentó su leyenda deportiva. A través de su fundación, la alpinista promovió la construcción de una escuela en Nepal y su reconstrucción después del fuerte terremoto de 2015.

En 2018, con la Misión Saipal como pretexto, decidió regresar.

“Ahora tengo una vida más tranquila. Mi hijo Max nació hace 19 meses, pero la pasión por las montañas sigue estando ahí. Por eso siempre he dicho que, si en algún momento tenía que volver al Himalaya, sería con un proyecto que me atrajera y que tuviera un sentido, una parte social. La Misión Saipal la tiene”, sostiene esta mujer corajosa, la primera en ascender los 14 ochomiles del mundo.

Un director de cine nacido en la región, Bhojraj Bhat, fue quien le animó a desarrollar el proyecto. Edurne Pasaban aceptó la propuesta de descubrir aquel “valle totalmente desconocido”, del que “no había referencias de ninguna otra expedición” y edificar al mismo tiempo nuevas oportunidades de futuro en un país que ocupa el puesto 149 de 189 en el Índice de Desigualdad de Género de la ONU.

Hicieron la captación de las participantes a través de un anuncio de radio. Se apuntaron 16 posibles expedicionarias. La definitiva criba dejó el número en seis. Dos de ellas se cayeron antes de iniciar la marcha hacia el monte.

“Una de las cosas que ocurren en esta zona es que a los 14 o 15 años, los padres preparan un matrimonio concertado con un chaval que no conocen. Dos de las seis chicas se casaron durante el desarrollo del proyecto. Sé que a una de ellas su marido le dijo: ‘O la Misión Saipal o yo’. Y, por supuesto, lo eligió a él. Si no lo hiciese, en su comunidad no sería aceptada”, denuncia la alpinista.

Ese rechazo a la independencia femenina lo experimentó Edurne Pasaban en primera persona. Antes de iniciar la ascensión al Monte Saipal se cruzaron con un hombre totalmente ebrio, que empezó a increpar a los operadores de cámara y demás miembros del equipo.

“Empezó a gritar que qué hacíamos ahí, que a ver a qué habíamos ido, que dejáramos de grabar… Vivimos una situación muy desagradable. Lo encerraron en una casa cercana para que no se metiera con nosotros. Después nos enteramos de que ese señor era el profesor del pueblo. Ahí nos dimos cuenta de que el cambio va a ser muy difícil, porque tiene que venir de ellos mismos y de la educación que reciban en las escuelas. Personalmente, me chocó muchísimo esa reacción del profesor. Si el profesor que da clase tiene esa actitud, difícilmente verás un cambio”, continúa.

En esa zona, el contacto con el exterior es casi inexistente. Hay, con suerte, una radio en cada pueblo. No hay conexión a Internet ni indicios de la globalización. Por eso bajo la Misión Saipal subyace la idea de que Sangita Rokaya, Laxmi Budha, Pabitra Bohora y Saraswati Thapa acaben regentando una empresa de trekking, que avive el turismo y ofrezca oportunidades laborales a más mujeres.

Allí, habitualmente, ellas trabajan en el campo “recogiendo una especie de raíz que se llama Yarchagumba”. “La recogen por encima de 4.000 metros, en unas condiciones bastante duras y las venden a los chinos. Creen que tienen poderes afrodisíacos. Así es como se ganan la vida. Su día a día consiste en trabajar en el campo, ayudar a su madre y hacer de comer para su padre”, relata Edurne Pasaban.

Ante esa perspectiva, la sorpresa de las cuatro expedicionarias nepalíes fue mayúscula al ver aparecer a la montañera vasca. Sabían que en el reto les guiaría una persona que había coronado las 14 cimas más altas del planeta, pero ni siquiera contemplaron la posibilidad de que pudiera tratarse de una mujer.

“Su reacción fue bastante flipante. De repente, se encontraron con una mujer alta, supernormal… Su primera reacción fue de sorpresa pero luego, durante el mes que estuvimos juntas, se creó un vínculo bastante fuerte. Ellas me ven como su madre o como una gran referente”, explica.

La relación se hizo especialmente estrecha con la joven Saraswati, con la que cada noche compartió tienda de campaña. Dormían juntas y, entre confidencias, hablaban del pequeño Max y de la vida familiar de Edurne Pasaban. “Me pedía que le enseñara fotos de él y me decía que tenía mucha suerte por haber tenido un niño”, cuenta.

En esos momentos más íntimos, pese a la barrera del idioma, Edurne Pasaban fue descubriendo “a cuatro mujeres valientes, las impulsoras de un gran cambio”. “Me quedo con la valentía de esas cuatro chavalas que, teniendo entre 19 y 26 años, deciden afrontar una expedición como esta, siendo parte de una sociedad supermachista, en la que una mujer, por tener cuatro hijas y no dar varón, es discriminada de su comunidad”, subraya.

El papel de la educación

Aunque no hollaron la cumbre del Monte Saipal por su cara sur debido a las adversas condiciones meteorológicas, la misión sirvió para sentar las bases de un cambio que Laxmi, en concreto, tenía ya interiorizado.

Hija de la guerrilla maoísta, la joven transmitió a Edurne Pasaban “su voluntad de cambio y su espíritu de lucha”.

“Creo que porque ella lo ha vivido desde muy pequeña. Es muy consciente de que la situación de las mujeres no es buena y es muy partidaria del cambio”, apunta sobre la única de estas cuatro jóvenes que es madre. Laxmi tiene una hija de cuatro años y está casada. Su marido no se opuso a que formara parte de la expedición, si bien eso no es lo habitual.

En un entorno rural y cerrado se criaron, en cambio, Saraswati y sus tres hermanas. Por esta razón, asevera Edurne Pasaban, “su madre fue bastante discriminada”. “Las mujeres que solo dan a luz a niñas no son aceptadas en la comunidad y son dejadas de lado. A su marido lo presionaron muchísimo para que se casara con otra mujer”, declara.

Despedirse de ella no fue sencillo. El adiós estuvo cargado de emotividad. “La tarde anterior a mi salida del campo base, Saraswati se metió conmigo en la tienda y estuvo hora y medio llorando. Se durmió en mis brazos, como si fuera un bebé”, rememora al tiempo que reconoce que “emocionalmente” el proyecto le ha tocado “muchísimo”.

“No sé si es porque al ser madre veo las cosas de un modo diferente o porque he visto algo más fuerte de lo que esperaba. He vivido a lo largo de un mes un Nepal que desconocía, porque muchas veces nos imaginamos que la realidad es tan bucólica como en esas imágenes de las banderitas de oración. Alrededor del Everest, yo había vivido el Nepal de los sherpas, bajo una religión budista. Hasta ahora no había vivido la realidad de la religión hinduista, que es donde hay esta discriminación. El llanto de las mujeres allí es un llanto de verdad, un llanto de impotencia y de dolor”, dice Edurne Pasaban.

La Misión Saipal, todavía inconclusa, continuará en 2019 con la publicación de un documental y la puesta en marcha de iniciativas relacionadas con la educación en escuelas.

“Por una parte, quiero terminar el documental para dar visibilidad a esta situación y empezar a recaudar fondos para promover cambios allí. El primero pasa por abrir esa zona al turismo. Nos gustaría que las cuatro mujeres sean las líderes, formarlas para que sean guías de montaña y de alguna manera trabajen. La mujer allí trabaja mucho para la casa y para el campo, pero no está bien visto que una mujer tenga un sueldo y un trabajo. Otra parte en la que ya estoy empezando a trabajar es en dar educación en diferentes escuelas de esa zona. Los primeros meses del año 2019 tendremos algunas reuniones con el gobierno de la zona para ver cómo podemos ayudar explicándoles a los chavales por qué las mujeres tenemos la regla. Ellos no tienen el conocimiento del cuerpo humano, ni entienden por qué las mujeres tenemos hijos. Las niñas de 11 o 12 años, los días que tienen la regla no van a la escuela porque no pueden tener contacto con el mundo exterior. Les tenemos que explicar todas estas cosas”, manifiesta convencida de poder promover el cambio en el ‘lejano oeste’ nepalí, allí donde la tradición sigue lastimando a la mujer.

Edurne Pasaban, consciente del eco de su voz, ha decidido dar el paso y combatir las tradiciones arcaicas que muestran a las nepalíes como seres extremadamente vulnerables.

author: Eurafrica Trail

Cláusula consentimiento expreso con cesión (arts. 6 y 11 LOPD)

De conformidad con lo dispuesto por la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de carácter personal, consiento que mis datos sean incorporados a un fichero responsabilidad de JALEOO ENTERTAIMENT SOLUTIONS S.L. y que sean tratados con la finalidad de mantener, desarrollar y controlar la presente relación contractual.

Del mismo modo, autorizo la comunicación de mis datos a Nounet Gestion S.L. y Tempo Finito S.L.L., cuyo objeto social sea inscripción y cronometraje y resultados de pruebas deportivas con la finalidad específica de poder gestionar la inscripción de participantes y posterior cronometraje durante la prueba deportiva así como la publicación de los resultados de la misma.

Asimismo, declaro haber sido informado sobre la posibilidad de ejercitar los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición sobre mis datos, mediante escrito, acompañado de copia del documento oficial que acredite mi identidad, dirigido a JALEOO ENTERTAIMENT SOLUTIONS S.L. en la siguiente dirección a Avenida de Italia nº 3 local 2 11205 Algeciras (Cádiz).

Acepto los términos y condiciones